Tengo dos amigos cercanos que tienen diferentes puntos de
vista a la hora de ponerse a escribir. El maestro Arbide habla de que él sólo
escribe de lo que ha vivido. Lo lleva con orgullo y naturalmente hasta presume
de ello.
José A. Ramírez Lozano, sin embargo, dice que él para
escribir solo tiene que encontrar las palabras y ellas son las que le inspiran;
y alega que si únicamente se escribiera para dar salida a un sentimiento sería imposible, por ejemplo,
escribir muchos poemas de amor arrebatado. ¡Vaya par!
Algo así me pasa hoy a mí. Si tengo que decirles algo sobre
el calor de Sevilla, de la que tengo mucha experiencia y muy mal llevada, les
contaría que es insoportable, insufrible; que tengo la sensación de que toda la
hermosura que la engalana parece que se fundiera con la temperatura y
desapareciera. Se hace entonces la ciudad áspera y desagradable y sus
habitantes irascibles y malhumorados.
Esas noches eternas sin una leve brisa que refresque nuestro
rostro y el sudor impenitente y odioso que nos hace gritar ¡Viva el aire
acondicionado!
Siempre me ha intrigado que piensan los güiris que nos
visitan en el mes de agosto, y sientan sus blancas carnes enrojecer por los
efectos del Lorenzo campando a sus anchas por la ciudad durante tantas horas.
En fin que quieren que les diga un suplicio.
Pero claro eso es hablar de lo vivido, de lo experimentado.
Entonces prefiero no hablar, no escribir más, Resultaría repetitivo y tedioso.
Pero si me pongo a contarles algo sobre Rafael Cansinos Asens
entonces mi experiencia como la de la mayoría de los sevillanos no será la base
de la inspiración. Reconozco que de la obra de este sevillano exilado a Madrid
para siempre no conozco casi nada, mas allá de sus inmensos trabajos de
traducción que le hizo a D. Manuel Aguilar, Dostoievski, Schiller, Goethe,
Balzac... que en mi juventud leía con
deleite y que a él le sirvieron de sustento en los años que estuvo prohibido
bajo la única acusación de ser judío.
Para acercarme a la figura de Cansinos me basé en dos
referencias que me llamarón poderosamente la atención: Que el gran Borges le
considerara su maestro, y ¿como podía este sevillano de cortos estudios en los
escolapios haber llegado a convertirse en un virtuoso políglota, que realizó la primera traducción directa e
íntegra del árabe al español de Las Mil y una noches y del
Corán, todo ello acompañado de amplios estudios y además sin haber salido de
España?
Mi curiosidad me llevó a indagar y a medida que lo iba
conociendo su figura se hacía mas grande. Fue líder del ultraísmo, ese
movimiento que hizo saltar el modernismo en el primer tercio del siglo XX. Y
que de alguna manera también creó las base de la Generación del 27.
No es de extrañar
que cuando Borges declarara a Cansinos Assens su maestro se le tome por una más
de sus ficciones. Dice César Tiempo en el prólogo de Las luminarias de Janucá: “El autor de «Las luminarias de Janucá», en quien se da la circunstancia verdaderamente
sobrenatural del hombre que ha leído todos los libros, habla todas las lenguas
y ha escrito tantas paginas como para dar la vuelta al globo terráqueo, sólo
podía ser un personaje de ficción”. Pero no, Cansinos es un personaje real y su
obra está esperando, por el bien de las letras españolas, su reconocimiento.
Cansinos Assens no es un caso aislado, un marginado solitario; es un ejemplo más de los muchos sevillanos injustamente olvidados, a quienes Sevilla debe un desagravio. Así que hoy les invito a bucear en la figura y la obra de Rafael Cansinos Asens, en las páginas El autor y su obra de esta revista, para que se puedan hacer una idea de este sorprendente personaje. Pongan el aire acondicionado y olvidense de la que está cayendo ahí fuera.
