Florido mayo





Mayo del 68 es todo un símbolo de la contestación. En numerosos países, pero sobre todo en Francia, se vivieron fuertes convulsiones sociales provocadas por el enfrentamientos entre jóvenes universitarios contra el poder. Los choques fueron tan duros, amplios y tan sincrónicos, que se llegó a pensar en una conspiración internacional. Pero a decir verdad Mayo del 68 significó la actitud crítica ante lo establecido, las exigencias de liberación en cualquiera de sus formas (políticas, sociales, sexuales, científicas, raciales, etc.) que fueron inspiración para buen parte de los movimientos sociales como el feminismo, ecologismo, pacifismo, etc.

Ciertamente aquel nuevo sistema de valores claramente enfrentado con el de sus progenitores, no nació en 1968, pero ese año salieron a la superficie algunas de las corrientes políticas y filosóficas, que se habían ido gestando desde principios de la década y que daban sentido teórico a la insatisfacción vital de aquellos jóvenes nacidos en la generación que empezaba a despegar después de las tragedias de la guerra. Mayo del 68 fue por tanto la punta del iceberg de toda esa corriente contestataria.

Estábamos en estas reflexiones al hilo del contenido de la revista de este mes, al recodar las figuras de Alfonso Grosso y Javierre, y los sucesos estudiantiles del 68 en Sevilla y trataba de encontrar alguna relación con los movimientos sociales que se están produciendo con motivo de la indignación por las consecuencias de la dura crisis económico-social que nos ha sacudido, y más o menos llegué a la siguiente conclusión:

Nada que ver, el movimiento del 68 pretendía cambiar la sociedad y en buena medida así lo hizo. Sus fuertes reivindicaciones marcaron las tendencias políticas del futuro inmediato y sin embargo sus protagonistas no pasaron directamente al poder político. Todo lo contrario de lo que ocurre ahora, lo que interesa es el poder para sustentarlo en una amalgama de conceptos sin una base ideológica clara que viene a representar más una expresión de populismo demagógico que la lucha por una utopía social hacia la que avanzar.

Esto es así porque en el fondo, en nuestra sociedad occidental, con todos sus defectos, tenemos un estado del bienestar con altos niveles en algunos sectores, que debemos consolidar y mejorar, pero sobre todo preservar.  Eso sí teniendo muy claro que el otro lado de la ecuación no esté basado en incógnitas que al ser despejadas lo hagan peligrar.  Bien está que hayamos dado salida a la desesperación de mucha gente y hayamos sido solidarios con ella poniendo sus vicisitudes en primer plano pero sin olvidar, que a veces lo mejor, es enemigo de lo bueno.

Y es que el mayo florido es la representación de la belleza de la primavera y que esa misma explosión de la naturaleza conlleva, los insectos, la presencia del polen en el ambiente y como consecuencia picaduras, alergias y una cierta astenia derivada de los primeros brotes de calor. Por todas esas molestias e incomodidades, no parece que merezca la pena eliminar  ese mayo florido, de campos y jardines, de nuestras vidas.

Sevilla y Cervantes


Esos azulejos que van dejando constancia de los lugares cervantinos en nuestra ciudad forman parte de nuestro paisaje urbano que casi no valoramos

Tuve la suerte de conocer El Quijote de boca de mi madre, empedernida lectora de la obra de Cervantes. Ella me contaba divertida las aventuras del flaco Hidalgo de la Mancha y su rechoncho escudero y yo la escuchaba fascinado imaginado las hazañas del caballero.

Después cuando preparaba el ingreso al bachillerato, trabajamos la lectura comprensiva y el dictado con el texto que comenzaba en “Un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”. Afortunadamente acabé casi por memorizarlo y aunque a mí ,en aquel momento, sólo me interesaba el argumento, comencé a amarlo. Con el tiempo fui aprendiendo la transcendencia literaria de la obra y su innovadora aportación a la novela moderna. Entonces comencé, también, a sentirme orgulloso de compartir la lengua y las raíces con tan soberbio genio, y a valorar la suerte de haberme iniciado en los atributos de la comunicación con la obra de Cervantes.

Los que vivimos en Sevilla tenemos la suerte de encontrar en nuestro recorrido vial por la ciudad numerosas muestras de la presencia de Cervantes en la ciudad y a la reciproca la significativa comparecencia de Sevilla en la obra de Cervantes. Esos azulejos que van dejando constancia de los lugares cervantinos en nuestra ciudad forman parte de nuestro paisaje urbano que casi no valoramos, pero llaman poderosamente la atención de los numerosos visitantes que se acercan hasta nosotros.

Ahora al conmemorar el cuatrocientos aniversario de su muerte debemos poner en valor, como diría los moernos, esa gran vinculación de Cervantes con Sevilla. Para conocer esa relación les recomiendo un libro imprescindible: Itinerarios de la Sevilla de Cervantes, de los profesores Pedro Piñero y Rogelio Reyes Cano. Libro en el que se realiza un minucioso recorrido por la multiforme aparición de Sevilla –espacio físico, moral y vital– en los textos cervantinos.

A través de este libro podemos ver la realidad vital, moral e histórica de la urbe compleja, contradictoria y fascinante que era la Sevilla del siglo XVI en la que Cervantes respiró, amó, y denunció, padeció y gozó y que el reelaboró como espacio literario en muchas de sus obras. Esa realidad que era aquel universo rico, heterogéneo y abigarrado –“La Gran Babilonia de España, mapa de todas las naciones” como la llamaría Góngora–.

Así desde el pan de Sevilla, el mercadillo de las cosas robadas y usadas o la efervescencia del Arenal al sumamente novelesco microcosmos, moral, urbano y sentimental de la mancebía. Terceras, prostitutas, truhanes y pícaros negociantes y viajeros… se dan cita en diversos textos de Cervantes. El resultado supone la construcción narrativa de la ciudad, la articulación de la urbe como elemento clave y funcional del relato. Algo en lo que, como apunta Márquez Villanueva, Cervantes da un gran paso hacía el futuro ya que no sería hasta los siglos XIX y XX, cuando aparecería la presencia en la narrativa de la ciudad en el París de Balzac, El Londres de Dickens, el Madrid de Galdós o la Praga de Kafka.

Hasta tal punto la influencia de Sevilla en la obra de Cervantes es transcendente que Rogelio Reyes la define así: “Sevilla no fue uno más entre los lugares que enhebraron la rica biografía del gran escritor sino una referencia angular en su formación literaria y en su visión del mundo”. Celebremos pues con entusiasmo  este IV Centenario de la muerte del genial Miguel de Cervantes y alegrémonos, como no, de la influencia y vinculación que tuvo Sevilla en su vida y en su obra.

Pasión en Sevilla


Ese momento mágico se producirá por la contemplación de la belleza o ante la sensación de debilidad humana, frente la grandeza divina para los creyentes 

Entramos en el mes de marzo en pleno desarrollo del Festival de Música Antigua de Sevilla, FeMás , que este año se celebra bajo el lema de Pasión, con el objetivo de estrechar lazos con la sociedad sevillana acudiendo, en palabras de su director , al centro de gravedad de las tradiciones de la primavera de Sevilla. En un ciclo en el que asistiremos –escucharemos– a pasiones no sólo divinas, sino también humanas, de todo tiempo y clase. Sin duda un orgullo tener un festival de esta talla en nuestra ciudad que ya cumple su trigésimo tercera edición.

Este próximo fin de semana, viviremos en el teatro de la Maestranza, la pasión por la danza con la presencia del Ballet Nacional de España y su trabajo Sorolla, una puesta en escena de Franco Dragone, fundador y director de diez espectáculos del Circo del Sol. Un gran momento para reencontrarse con todos los estilos de la danza española y que da una gran cabida a nuestro folclore, inspirado en la colección Visión de España del gran pintor valenciano.

Poco a poco no acercaremos al pregón, pasión en la palabra para exaltar nuestra semana grande. Un clásico de nuestra ciudad que tanta pasiones levanta, en la que el elegido es sometido al riguroso escrutinio de la oratoria, por la más rancia sevillanía. Al que se acude con la expectación de las grandes tardes de la Maestranza, coso, naturalmente y que significa el cohete anunciador de la autentica pasión de Sevilla.

Y así entraremos de pleno en la pasión en Sevilla, que este año coincide con la llegada de la primavera, con toda su explosión de arte, olores y música invadiendo las calles de la ciudad, para vivir ensimismados desde la ilusión del Domingo de Ramos  a la nostalgia de la Resurrección, mientras ante nuestros ojos desfilaran lo más granado de la imaginería barroca con su proverbial y única puesta en escena, para que los sevillanos, todos los que viven esos días en Sevilla, son sevillanos, sientan la emoción y puedan disfrutar de ese momento mágico, que sólo en la Semana Santa de Sevilla se puede encontrar.

Ese momento mágico se producirá por la contemplación de la belleza o ante la sensación de debilidad humana, frente la grandeza divina para los creyentes. Ante la certeza de que Dios te tiende la mano y escucha tu plegaria o ante la perfección de la gubia de Juan de Mesa o Pedro Roldán. Ante los dorados del barroco, el aroma de las flores que lo exornan o ante la pieza musical que les acompaña en su lento caminar a hombros de sus esforzados costaleros.

En cualquier caso Dios estará esos días por las calles de Sevilla y en cualquier momento podremos encontrarnos con él en cualquiera de sus versiones. Nos ayudará a entender, el sufrimiento, la humillación, la pasión, la muerte y el dolor de una madre. Si somos capaces de vivir ese momento mágico, habremos comprendido lo que en realidad es la Semana Santa de Sevilla. Ojalá no le llueva.

Carnaval



"cubramos nuestro rostro con alguna hermosa máscara veneciana y contemplemos con ironía lo que ocurre a nuestro alrededor, antes de que nos tengamos que cubrir con el antifaz de ruán y contemplarlo con angustia"
 
Estamos todavía recogiendo los papelillos de los polvorones y los adornos navideños y se nos ha echado encima el carnaval con toda su carga de mascaradas, comparsas y bailes bulliciosos, que este año parecen haberse escapado del Falla, para invadir todos los aspectos de la vida nacional. ¡Vaya entradita de año!

El país está patas arriba en busca de una interpretación coherente de lo que los ciudadanos han querido decir en las urnas para el desarrollo de su gobernabilidad futura. Los representantes que hemos elegido, posturean y elucubran con los resultados de la consulta para asignarse el papel de elegidos preferentes para conducir nuestros destinos. El espectáculo es como todo lo carnavalesco: entre grotesco y chirigotero, voceado y retrasmitido por la comparsa de analistas políticos de izquierda, derecha y mediopensionistas.  ¡Ni el Falla amigos, ni el Falla!

Por si faltara poco, en nuestra ciudad se ha reabierto una herida que creíamos ya cauterizada. Vuelven las Atarazanas culminada con la amenaza lanzada por el arquitecto, que fuera miembro del urbanismo municipal durante tres décadas, García Tapial al final de la mesa redonda Problemas técnicos en el proyecto de las Atarazanas –celebrada en la Real Academia de Buenas Letras y organizada por Adepa, que concluye de la siguiente manera «Si empieza la obra, en el primer mes perdemos las Atarazanas». Lean la información despacio, comprenderán que efectivamente estamos en Carnaval.

En este trance aparece una ocurrencia del equipo municipal que se deja caer con la idea de alquilar espacios patrimoniales emblemáticos de Sevilla para eventos. A mi la idea me parece al menos pintoresca, nuestros gobernantes han recurrido a los remedios de la familias nobles venidas a menos: alquilemos el Costurero de la reina para bodas o hagamos posible celebrar su acto social en un marco de ensueño, Los Baños de la Reina Mora. Todo esto tiene un peligro como dice Antonio Burgos: que al Cabildo catedralicio le de por llenar de veladores altos las gradas de la Catedral, que a ver si hay plataforma mas espectacular que esa para echarse unos cubatas. No debemos tener arreglo, pues ya hubo quien pensó en subastar la Torre del Oro en tiempos de Isabel II.

Mientras, la sociedad sevillana empieza los calentamientos para su tiempo magno, que dará comienzo justo el Miércoles de ceniza y culminará en la Semana Grande de Sevilla. Empiezan los traslados, los cultos, igualás y ensayos de costaleros, etc. En fin que la agenda cofrade se llena de intensidad y acapara la mayor parte de la actividad sociocultural de la ciudad en la Cuaresma. Por eso como hemos dicho en alguna ocasión en Sevilla tiene tan escaso eco la celebración del Carnaval, no hay una gran celebración festiva antes de entrar en el tiempo del silencio y el recogimiento. Aquí la actividad empieza después, por tanto éste es tiempo de recuperación para la gran movida que se avecina.

Así pues el espectáculo esta servido, cubramos nuestro rostro con alguna hermosa máscara veneciana y contemplemos con ironía lo que ocurre a nuestro alrededor, antes de que nos tengamos que cubrir con el antifaz de ruán y contemplarlo con angustia. Que todo llegará. En el fondo todo es cuestión de calendario.

Esperanza


La angustia de nuestro mundo tiene una solución; La esperanza basada en el amor que es la fuerza que nos tiene que seguir impulsando.

Escogiendo entre lo que me gustaría desearles en estas fechas a todos ustedes me he decantado por la Esperanza, quizás una de las palabras mas hermosas de nuestro vocabulario. Y la he escogido por que no recuerdo tiempos tan procelosos e inciertos, que seguramente los ha habido, pero que en este momento me desasosiegan de manera especial.

El corazón del hombre contemporáneo late una azorante situación de ansiedad y angustia. Con la perdida de valores espirituales el hombre se encuentra en un callejón sin salida. Desconectado de su origen y su fin, no es extraño que la angustia se apodere de su alma al verse «arrojado» sin rumbo en el torbellino del vivir. Este íntimo desasosiego se acrecienta por la tremenda realidad actual; crisis, guerras, miseria, pobreza, deterioro de la naturaleza, inquietudes de todo orden, nos hacen sentir, a veces, el zarpazo del pesimismo que producen estas circunstancias adversas.

Me niego a pensar como los existencialistas que el ser hunde sus raíces en la nada, vive transcendiendo o sobreviviendo a esa nada y está abocado a ser reducido a la nada, humillado y abatido. De ahí que la muerte acecha la vida humana, que ha sido arrojada al mundo para en él morir y que en él vive muriendo, pues ser es morir.

Por que también me niego a creer que en los planes de Dios esté dejar al hombre abandonado al sufrimiento. Si bien introdujo el dolor en la tierra como inevitable compañero del hombre, la divina Providencia puso en su humano vivir un elemento de compensación: la esperanza, cuyo fundamento es la redención del Amor. No nacemos para morir, nacemos para amar.

Y por eso mismo me niego a pensar que la entrega, esfuerzo y dificultades que tuvieron que superar los que nos precedieron, a los que tanto echaremos de menos en estos días, para dejarnos un mundo mejor que el que ellos tuvieron, no valiera la pena. Tenemos raíces por tanto y tendremos frutos en la medida que trabajemos en el sentido de dejar el los que nos sigan, un mundo algo mejor y a ser posible una carga de valores que les permita afrontar su angustias y ansiedades con más entereza.

La esperanza no debe confundirse con el optimismo humano, que es una actitud más relacionada con el estado de ánimo. Ni debe estar basada en un comportamiento contemplativo de que los frutos nos serán dados por si mismos. Requiera la acción que permita tender con certeza hacia su fin, de modo semejante al que emprende un viaje no tiene la certeza de llegar al fin de su trayecto, pero sí tiene la certidumbre de ir bien encaminado y de llegar si no abandona el camino.

La angustia de nuestro mundo tiene una solución; La esperanza basada en el amor que es la fuerza que nos tiene que seguir impulsando. Y si alguna vez esta flaquea, sigamos la recomendación de Antonio Burgos: vayamos a pelar la pava un ratito a las rejas del arco con esa Divina Mujer, a la que estos días podemos mirar cara a cara, en sus ojos la encontrarán. Allí está la Esperanza.

Constitución


 
Todos nos hemos sentido durante años orgullosos de haber participado en aquel gran acuerdo social y visto con satisfacción como de esta derivaban manojos de leyes que, mal que bien, iban conformando nuestras vidas

Un 6 de diciembre de hace 37 años los españoles decidimos, por una amplia mayoría, con nuestro voto constituirnos en un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, cuya soberanía residen el pueblo español del que emanan los poderes del Estado y que tiene la forma política de Monarquía parlamentaria.

Los que vivimos aquellos días en primera persona recordamos con emoción todo lo que esto significaba. En ella se consagraban nuestras libertades y se regulaban los derechos y obligaciones de los españoles, tras un gran acuerdo político en el que todos tuvieron que ceder en aras a alcanzar un tratado de convivencia que tuviera el más amplio apoyo social posible.

Todos nos hemos sentido durante años orgullosos de haber participado en aquel gran acuerdo social y visto con satisfacción como de esta derivaban manojos de leyes que, mal que bien, iban conformando nuestras vidas y formaban plataformas sobre las que se desarrollarían las de nuestros hijos. También pudimos contemplar con estupor como algunos de nuestros representantes políticos retorcía sus argumentos hasta casi violarla. Pero en fin estábamos tranquilos por que el armazón jurídico del estado funcionaba y estaba ahí para garantizar su vigencia y cumplimiento.

Pero hete aquí que de pronto nos encontramos con unas corrientes turbulentas que por mor de un desencanto social de un lado, nacido de la crisis económica y la corrupción y por otro de las tensiones territoriales, parecen dispuestas más o menos que a dar cuenta de la constitución del 78. Naturalmente los que conocemos de primera mano lo que costó aquel trabajoso consenso, que quedó ratificado con el acontecimiento que conmemoramos por estas fechas, nos inquietamos y hasta se nos crea un cierto desasosiego pues no vemos por ningún sitio el clima necesario para volverlo a conseguir.

Otro de los argumentos que se esgrimen últimamente es el de: “Yo no vote esta constitución y no me siento identificada con ella”. Este como verán es comprensible pero se cae por el propio peso de su ardor juvenil, y a la vez demuestra un fallo importante en el sistema, la capacidad de trasmitir los valores de nuestra ley de leyes y las deficiencias derivadas de nuestro sistema educativo para hacerla conocer y amar.

No es que nuestra Carta Magna no pueda ser mejorada, obra humana es. Es que lo sustancial de un marco de convivencia está recogido en ella, nuestros derechos, obligaciones e incluso nuestras peculiaridades como reflejo de nuestra pluralidad se encuentran reflejados en sus textos y con eso no conviene jugar como tampoco deberíamos ser tolerantes con aquellos que ponen salvaguardas a la promesa de guardarlos y hacerlos guardar por que cualquier día nos podemos encontrar con algún sobresalto. Todo lo demás se puede retocar si se logra el consenso político necesario pero sin asaltos ni ocurrencias.

Escribiendo estas líneas no dejo de sentir una cierta inquietud inmovilista, pero enseguida me tranquilizo. Repaso nuestra historia y se que lo que defiendo con estas opiniones es la conclusión que destilo de nuestro pasado y la maldición de nuestros complejos históricos; y me reafirmo en la hipótesis sobre la deficiencia de nuestro sistema educativo y de la importancia de conocer nuestra historia, como elementos fundamentales de lo que debe ser nuestra cultura, para que la postmodernidad y el relativismo, no nos atropellen y tengamos que empezar otra vez de cero.

La historia y las palabras



A la historia y a los proyectos de convivencia hay que acercarse libremente y con la mirada limpia
 
En estos días la sociedad española, unida en torno  la idea de España durante más de quinientos años, vive un duro contratiempo en su convivencia, surgido una vez más de la manipulación de los sentimientos de una parte de su diversidad. Y como esto no se puede despachar con simplificaciones, conviene como siempre la reflexión.

La historia no es más que la encargada de analizar los acontecimientos pasados para entender el presente y prever el futuro. Y su objeto de estudio: los hombres, transforman la sociedad y su entorno a su conveniencia. Son sujeto y objeto de un mismo proceso. A simple vista parecería sencillo, simple, pero a veces las apariencias engañan.

Los hechos son los hechos pero el sujeto que los expone los puede pervertir solo con el uso del lenguaje y eso lo puede acabar de destrozar el relativista. Veamos un ejemplo:

Nación: En su primera acepción significa 1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno. Así podemos afirmar que España en una Nación.

Pero  en su tercera acepción dice: Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. En este caso ya empiezan los matices. Como diría un antiguo jefe mío, sevillano y residente toda su vida en Cataluña: es cuestión de semántica.

¡Ay las palabras! Así puede resultar que cuando se habla de identidad, a lo mejor se trata de utilizar un sinónimo para la mezquindad frente a la solidaridad con los demás. Donde se dice agravios históricos se quiere decir insatisfacción de una relación basada en el constante ceder, por una parte, para tratar de pagar el chantaje de la otra a la convivencia en común. Quiero decir que a base de falsear la historia y pervertir el lenguaje se puede tratar de cambiar la realidad.

Como yo no pretendo encima darles mi opinión sobre el asunto. ¡El que faltaba! podrían decir con razón, solo trato de ayudarles con las claves del análisis, les invito a que acudan a la historia para repasar los antecedente de estos conflictos surgidos en 1873 durante la primera República y los mas recientes de 1931 y 1934 durante la segunda. Así como las reflexiones de Ortega y Gasset y las de D. Manuel Azaña al respecto: Los demás elementos del conflicto están frescos en nuestra memoria, de forma que con estos parámetros se puede tener una sencilla panorámica para entender mejor el presente e incluso intuir cual puede ser el desenlace de forma genérica.

Después de todo lo expuesto  la conclusión más clara es la permanente manipulación de la Historia y los riesgos que la falsificación de la misma conlleva, como nos ha dicho Emilio Lledó. El otro instrumento diabólico de todo este proceso es la perversión del lenguaje, el uso corrupto de las palabras para plantear los hechos. Con esos dos elementos y un mensaje dirigido más a los sentimientos que a la razón es como se llega a estas situaciones.

A la historia y a los proyectos de convivencia hay que acercarse libremente y con la mirada limpia, por que si no es así las relaciones crujirán ante los intereses de unos y otros y se olvidarán las ventajas del proyecto en común y las consecuencias serán las mismas que las de un fino jarrón de porcelana estrellado contra el suelo.

Para terminar volvamos a las palabras de D. Emilio “Yo lo que quiero es saber qué ha pasado en mi país, conocer su historia. Eso es tomar conciencia de las cosas positivas, de las cosas negativas y de los caminos por los que (creo yo) no hay que seguir adelante. El Alzheimer colectivo es todavía mucho peor que el Alzheimer individual, y un país sometido a la falsificación de lo colectivo es un país condenado. En mi opinión, no hay futuro en un país si no ponemos el pasado por delante, para aprender de él”. Interesante reflexión.

Elogio de la memoria


Una buena receta para todos estos desvaríos generacionales: Hay que mirar al pasado con cariño, al presente con optimismo y al futuro con esperanza.
 
Vivimos en tiempos de revisión total. Pareciera que toda nuestra realidad este en proceso de deterioro, que todas las iniciativas desarrolladas hasta hora estuvieran agotadas, que aflorara un tiempo donde no sirviera receta alguna de las aplicadas y que todo requiere de un punto de vista nuevo, que, ¡oh sorpresa!, hasta ahora a nadie se le había ocurrido.

Es como si con el paso de poco más de una  generación nuestra definición de la vida, del significado de nuestra existencia y de la identidad humana se hubiera alterado de modo radical. Así se habrían visto modificados aspectos  que han formado parte de esa identidad durante siglos y que han servido de fundamento para el desarrollo de las nociones filosóficas de persona y dignidad. Las prácticas relativas a la sexualidad, la reproducción, los roles sociales, la maternidad, la paternidad, así como también otros aspectos como la igualdad, la democracia, el libre albedrío, la justicia, y el progreso tuvieran que ser, sin duda redefinidos.

Y este regeneracionismo que es el motor de determinadas corrientes sociales, nos produce una sensación de vértigo y de vacío inmenso, que alimentado por los avances biotecnológicos, se nos quiere imponer.

Dice el eminente filósofo y paisano nuestro Emilio Lledó, hoy en nuestras páginas,  que los seres humanos somos fundamentalmente memoria y leguaje, y las dos cosas se están pervirtiendo constantemente. Porque lo que nos caracteriza esencialmente a los seres humanos es el reconocimiento del presente por lo vivido y la esperanza de proyectarlo hacia el futuro desconociendo el momento final.

Y resulta que esta generación ahora tildada de caduca y periclitada ha vivido la superación de una terrible fractura civil, en su peor versión, y es la responsable de haber engendrado una nueva etapa de libertad y bienestar como jamás había experimentado nuestra sociedad. ¡Claro que con errores y deficiencias, faltaría más!, y ahí estaría el mejor uso de la memoria, no en negar la mayor sino en mejorar la tarea con la superación de los errores cometidos.

Nos conviene recordar que la denostada obra de nuestra generación es tan válida que ha permitido que todos los movimiento sociales surgidos al fragor de la profunda crisis socioeconómica de nuestra sociedad, fermento de todo este movimiento, hayan pasado de estar, en sólo dos años, con esas ideas acampados en una plaza pública a formar parte de las instituciones contra las que tan agriamente se manifestaban. Está claro que tampoco estaban construidas tan de espaldas a la realidad.

En estos días tradicionalmente propicios a recordar a los seres queridos  que se nos han ido quedando por el camino, sus vidas y sus esfuerzos representan un ejercicio de memoria individual y colectiva enorme, profundo y sencillo, que nos lleva a reconocer el presente mejor, que todos los estudios sociológicos al uso como carta de navegación  hacia el futuro. Ese recuerdo se hace mayor si cabe a aquellos que perdimos aquejados precisamente del mal que azota a la perdida de la memoria, y la tristeza y el desasosiego que ello nos produce por su falta de reconocimiento. No deja de ser paradójico el tema

He leído estos días una frase que a mi juicio tiene una buena receta para todos estos desvaríos generacionales: Hay que mirar al pasado con cariño, al presente con optimismo y al futuro con esperanza. Pues por mucha afición que tengan los jóvenes por la ciencia ficción, no serán nuestros rasgo distintivos en un futuro biotecnológico ni la razón, ni los sentimientos, sino la memoria, la autoconciencia y la esperanza.

Tiempo dorado


Y si queremos entender mejor los problemas que nos afectan como individuos y como sociedad, vayamos a nuestra Historia, verán como nos ofrece más claridad que los mil profetas que nos predican todos los días desde las tribunas de los medios de comunicación

Recuerdo que la primera redacción que me pidieron cuando era estudiante debía versar sobre las estaciones de año. Allí me emplee con mis mejores argumentos por manifestar que a mí la época del año que más me gustaba, sin duda, era el otoño. No parece muy normal que a un jovenzuelo la estación que más le guste sea precisamente el otoño. Claro que quizás siempre fui “un viejo achicao” que me decía mi madre.

Pero ahí está, sigue siendo mi estación preferida. El ambiente otoñal transpira sosiego y nostalgia, rodeados del color dorado de los árboles y las hojas desprendidas y el olor de las primeras humedades de los aguaceros otoñales. Todo un placer para los sentidos. Y si están cansados de contemplar la belleza y el colorido de los atardeceres de la época por el Aljarafe sevillano, les recomiendo que disfruten de otro paisaje único, con la contemplación de la vega granadina desde la terraza mirador del Hotel Alhambra Palace o la vista de la misma Alhambra desde el mirador de San Nicolás, que tan famoso hiciera el presidente Clinton en su visita a aquellos deliciosos parajes de la capital nazarita.

Ese es el otoño, la inmensa vega repleta de una ocre chopera que se va desprendiendo de sus hojas más antiguas para que la savia pueda llegar mejor a los brotes de las nuevas. De esa alfombra de los paseos del parque de María Luisa de elementos vegetales que mueren para que pueda haber nueva vida. En fin el ciclo mismo de la vida. Por eso el tiempo y el espacio se llenan  de nostalgia, el ayer va muriendo y nos preparamos para la dureza del frío transito hasta la nueva primavera llena de vida.

No conviene vivir en el pasado, pero si es muy conveniente recordarlo para disfrutar de los buenos momentos que nos ofreció, y sobre todo para reflexionar sobre los errores cometidos y sus consecuencias. La vida no es más que una secuencia constante en la que si no aprendemos de nuestros errores, estaremos siempre condenados a repetirlos. Eso lo más probable es que empiece a llenarnos de amargura.

Sería bueno cambiar el “otoño caliente” del entorno, por el otoño fresco de la naturaleza. Ese frescor que empieza a cerrar nuestros poros preparándolos para el letargo invernal, pasando así del tiempo de la reflexión al tiempo del recogimiento. No dejemos pasar los grandes momentos que la naturaleza nos brinda por que nos confunda el ruido ambiente. Y si queremos entender mejor los problemas que nos afectan como individuos y como sociedad, vayamos a nuestra Historia, si con mayúsculas, verán como nos ofrece más claridad que los mil profetas que nos predican todos los días desde las tribunas de los medios de comunicación. No sea que el humo de los puestos de castañas nos impidan ver los matices.

Entretiempos




Un buen paseo de los jardines de Delicias al puente de Triana por el paseo Colón a la hora del atardecer les, brindará un espectáculo de color y luz único.

Acabamos de despedir al verano, nostalgia de días inabarcables, viajes, reencuentros y emociones de la naturaleza y de las otras, y empezamos a caminar lentamente por los días tibios del inicio del otoño. Tiempo de entretiempos, para adentrarnos en una convulsa estación meteorológica que se nos presenta cargada de tensión y acontecimientos políticos un tanto imprevisibles que nos conducirá a un tiempo nuevo y seguramente diferente.

Ya saben que en tiempos de tribulaciones suelo recomendar, humildemente claro, cultura y contemplación de la naturaleza. Son, sin duda, los mejores aliados para la mejor reflexión que nos permita tener las mejores perspectivas para ver las mejores opciones para nuestra futura convivencia en tranquilidad y armonía, sin renunciar por ello a elegir las mejores alternativas para la solución de los grandes problemas sociales colectivos.

En el aspecto cultural la ciudad nos ha ofrecido un buen mes en el regreso a lo cotidiano. Dos interesantes exposiciones, con ciclos de conferencias incluidos: El de exlibris cervantinos en conmemoración de la publicación de la segunda parte de El Quijote, en el Ateneo y la celebrada en la Fundación Cajasol, dedicada a la celebración del 400 aniversario de Jesús de Pasión de Martínez Montañés. Dos excelentes eventos.

La novedad de Septiembre es flamenco, la interesante iniciativa encaminada a mantener la presencia del flamenco en Sevilla los años impares que no hay bienal, que se ha resuelto con una buena acogida de público y crítica, que esperamos se consolide en el futuro pues esta ciudad no debe tener años en blanco sin un bloque fuerte de actividades flamencas.

El Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina también rindió cuentas este año, con una serie de conciertos variados y genuinos en sus combinaciones (jóvenes músicos-profesionales-Banda Sinfónica-Orquesta de Cuerda) en sedes emblemáticas de la ciudad de Sevilla, como la Casa de Salinas, la Casa Pilatos o Capitanía General, que han dejado momentos únicos. Sacado adelante con la labor que realiza el equipo de voluntariado, pieza clave en el desarrollo y organización del evento al que hay que cuidar y mimar como una de nuestras mejores muestras de identidad musical de Sevilla.

En el Maestranza echó a andar La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla bajo la batuta de su nuevo titular John Axelrod. Esta nueva andadura, promete ser muy fructífera, a juzgar por la exuberante variedad de la programación en la que se dan cita lo clásico y lo contemporáneo.

Como ven por estas muestras, la cultura está ahí para disfrutarla y ayudarnos a vivir este entretiempo en buena forma a cada uno en la medida de sus posibilidades y gustos. Y para complementarnos le recomendamos un buen paseo de los jardines de Delicias al puente de Triana por el paseo Colón a la hora del atardecer les, brindará un espectáculo de color y luz único. Recuerden lo que dijo Borges, Sevilla en otoño es una dulzura, un regreso.  Todo ello debería hacer más llevadero el transito por estos entretiempos cargados de inquietudes.

Una mirada a la educación



Nos jugamos que el conjunto de modos de vida y costumbres, que es la cultura, del mañana sea más rico y más libre que el de hoy.
Será por la fechas, será por ver el revoloteo de mochilas y escuchar de nuevo la alegría de los más pequeños en tropel, será como sea pero hoy sentimos la necesidad de fijar nuestra atención en un tema por el que, reconozco mi debilidad, uno siente una atracción especial: la educación.

Para acompañarnos en esa reflexiones sobre la importancia, mejor dicho, sobre la transcendencia de la educación, le ofrecemos en este número de vuelta del verano dos temas relacionados con el mundo escolar de hondo calado. El primero es un recorrido por la vida y la obra de un docente ejemplar Manuel Siurot, abogado, magistrado suplente, diputado de la Asamblea Nacional, embajador extraordinario en misiones hispanoamericanas, escritor y periodista, que abandonó su carrera política y jurídica para dedicarse a la gran obra social de la educación de los niños pobres. Un modelo perfecto para la reflexión.

El segundo punto de interés es un trabajo de Antonio Montero, pedagogo e inspector  de educación sobre las dificultades que presenta el cambio de los sistemas educativos en nuestra sociedad actual a cusa de las supersticiones e inercias de la comunidad escolar. En este artículo se ponen de manifiesto también algunos de los problemas básicos de nuestro actual sistema educativo. Un análisis perfecto desde el punto de vista técnico y profesional.

Siendo la educación uno de los temas de mayor preocupación social y sobre el que pende la solución de buena parte de la problemática social del futuro, es imposible encontrar en nuestro país el consenso político suficiente para abordarlo con amplitud de miras.

Ello nace de la circunstancia de que precisamente es la edad escolar la etapa más propicia para la siembra de las ideas. El momento ideal del sembrado para dejar caer las semillas de lo que la sociedad actual considera cosecha más provechosa. Y ahí precisamente aparece otro de los nudos gordianos del problema, pues la sociedad piensa que es a través del sistema educativo como debemos preservar los valores que consideramos elementales para el desenvolvimiento de las futuras generaciones.

En ese sentido nos disponemos a transmitir a nuestros herederos las soluciones que a nosotros nos legaron nuestros antecesores, para que les sirva de herramienta en la solución de los problemas que ellos tendrán en el futuro. Todo ello lastrado con las inercias y las supersticiones que a nosotros nos afectan. El problema por tanto no puede ser más complejo.

Por eso en tan delicadísima materia no conviene simplificar, mirar para otro lado y desentenderse dejando a otros la responsabilidad de resolverlo. Necesita de todo nuestro esfuerzo y nuestra energía, nos estamos jugando un mundo mejor, una cultura distinta capaz de abordar los retos que se le presente mañana a nuestra sociedad.

Para eso se requiere lo mejor de todos, la excelencia. Ay, la excelencia, en esta ciudad de las chapuzas y del vámonos que nos vamos y del déjelo usted, que así mismo está bien, que dice Antonio Burgos. Nos jugamos que el conjunto de modos de vida y costumbres, que es la cultura, del mañana sea más rico y más libre que el de hoy. Es lo mejor que podemos hacer por nuestros descendientes.

Cambiar de aires




Estamos en tiempo de vacaciones, tiempo de cambiar de aires. Tomada la expresión al pie de la letra es absolutamente necesaria, aunque dadas las características de la canícula de este 2015, a lo mejor habría que decir buscar los aires que en Sevilla no han soplado durante el mes de julio y si lo ha hecho ha sido con un solano intenso a la hora del secarral vespertino.

Así que al sano ejercicio del descanso estival este año tenemos que sumar el necesario respiro de abandonar la recalentada ciudad. Acudamos al monte o a la playa buscando un poco de aire fresco que mejore las posibilidades de nuestro descanso. Es justo y necesario.

Justificado pues el cambio de aires, ahora nos toca plantearnos que hacer con nuestro tiempo en esto días de asueto. Deberemos organizar nuestro tiempo de ocio entre el dolce farniente, variadas formas de pasatiempos y la contemplación de la naturaleza, que quizás sea uno de los mejores recursos que nos pueden brindar las vacaciones.

A este respecto, recuerdo haber vivido momentos sublimes en la terraza mirador del ya desaparecido Hotel del Rosario de Rota, donde después de una reconfortante siesta acudía, a la lectura del libro que me acompañara en ese tiempo, en espera de poder contemplar desde allí pacientemente una de las más espectaculares puestas de sol que se puedan ver, mientras se consume el último trago de un buen escocés. Si no lo ha vivido, no sabrá usted lo que es  bueno y si lo ha vivido, sabrá de lo que estoy hablando.  

Que conste que he citado esta experiencia, un poco decadente, porqué es mas propia de la edad que uno gasta, pero se podía citar miles en todo nuestro incomparable entorno donde solemos pasar estos días del verano la mayoría de los sevillanos. Y hay montones de sitios como la terraza del Hotel del Rosario repartidos por ahí.

Aprovechen y combinen lectura con el disfrute de la naturaleza. La mezcla resulta extraordinariamente gratificante y placentera, carga nuestras gastadas baterías y sosiega nuestro espíritu de que manera. Sevilla con su ajetreo cotidiano  y su inmensa soledad de los largos fines de semana le parecerá lejana y distante, lo suficiente para apreciarla mejor a su regreso.

Si quiere un consejo, llene  su tiempo de ocio de cosas distintas y apreciables, que estén a su alcance, descanse y gratifique su espíritu. No sea que al final se traiga de su cambio de aires solo el cabreo de la cuenta del chiringuito desaprensivo y las numerosas incomodidades que suele proporcionar esa salida de su hábitat más frecuente.  No habrá valido la pena.

Triana en sus manos


 La llegada de las fechas clave de las fiestas mayores del arrabal de Sevilla, nos invita un año más a volver la mirada a ese pedazo de la ciudad que a fuerza de ser Triana es la más pura esencia de Sevilla.

Cuando el puente se engalana de farolillos y la calle Betis se llena de casetas y Sevilla vive su feria chica en la fiesta grande del arrabal, el aire que huele a buñuelos y sardinas asás, se llena de nostalgia de muchos personajes que escribieron la letra pequeña de la historia de la fiesta más antigua de España.

El grupo de industriales y comerciantes, que encabezados por la saga farmacéutica de los Murillo lucharon durante muchos años, en circunstancias bien difíciles por la continuidad de la fiesta. Los personajes pintorescos que lograron una gran popularidad por sus éxitos en los numerosos eventos deportivos-recreativos que han compuesto muchos años los programas de la Velá. Hasta los políticos que han ido apareciendo como delegados del Ayuntamiento para el barrio y que en su fiesta mayor han quedado más de una vez “retratados”.

Todo eso que ha quedado recogido minuciosamente por Ángel Vela, trianero de honor, en sus libros dedicados a Triana y su Velá, crónica imprescindible para entender a Triana. Una Triana que fuera de tópicos está forjada con manos de alfarero, del esfuerzo de pescadores, camaroneros, areneros, trabajadores del ladrillo y los tejares curtidos, ennegrecidos por el sol de justicia; y de delicadas manos de ceramistas, de pellizcos del cante y el baile, del temple y valor de sus toreros. De mujeres recias y bravas que en falúa cruzaban todas las mañanas el río para trabajar en la Real Fabrica de Tabacos hasta que le pusieron la fábrica en esta orilla. Todo eso también es Triana, y mucho más.

Ese mucho más, como dice Paco Robles, ha conformado el ser de este lugar que va más allá de las fronteras de la Cava de los Gitanos y de la Cava de los Civiles, porque Triana llega a los pisos del exilio de Alcosa, a los bloques del Polígono, a los adosados de Sevilla Este… Por que no hay mejor manera de ser sevillano, que ser de Triana.

Por eso este número de Sevilla en tu manos está consagrado a Triana, a hacer patente su historia, conocer sus personajes y su patrimonio ya revivir momento entrañables de este arrabal, que es parte esencial de nuestra ciudad, y asomarse a ese gran río que nos separa cruzar el puente y poner Triana en sus manos.

La insoportable levedad de ser


 Ya tenemos aquí el verano con el sol pegando sobre nuestra curtida piel por los años de calores y cicatrices de tarascadas vitales. Ya ha pasado la agitada primavera política con los resultados que todos ustedes conocen y que vamos a intentar analizar aquí en lo que a la cosa cultural se refiere.

Han cambiado los responsable políticos de nuestro gremio en la Junta y en el Ayuntamiento. La junta por un lado ha vuelto a independizar la Consejería del ramo  sacándola del conglomerado que Susana Díaz montó para que su fiel escudero Luciano Alonso, por cierto desaparecido en combate, controlara estas dos parcelas de poder, de amplio eco entre la jungla de intelectuales, que tanto mima su ideario político.

Pues bien de esta etapa, además de un buen número de desencuentros con el Ayuntamiento, lo único que salió para nuestra ciudad fue la enésima puesta en escena del proyecto de las Atarazanas que como denuncia César Rufino en el Correo de Andalucía, seis meses después de su última “venta” sigue parado y sin visos de que se vaya a convertir en realidad, ni tarde ni temprano. Pero en fin ya se sabe que las Atarazanas están malditas.

Rosa Aguilar, la incombustible Rosa Aguilar, se ha convertido en la nueva consejera de Cultura de la administración autonómica y sus dos primeras propuestas han sido recuperar la ley de la memoria histórica y trabajar para que la Mezquita de Córdoba sea pública. Será que la buena de Rosa, con el trasiego de puertas giratorias, no ha tenido tiempo de preparar algo de más enjundia para la gestión en el palacio de Altamira.

Por otro lado en la Casa Grande de la plaza Nueva,  Cultura se ha metido en el paquete de la importante concejalía de Urbanismo, lo que nos da pie a pensar que el responsable de área dejará en manos de sus segundos la gestión cultural de Sevilla: Isabel Ojeda y Paco Cerrejón propuestos para “refrescar” Cultura. Será que la gestión de la derecha ha dejado un cierto olor a alcanfor. Tampoco es un buen augurio.

A lo mejor es que como dijo alguien ya hace mucho tiempo: La mejor política cultural es la que no existe, pero no deja de resultar chocante que la izquierda, que siempre se ha arrogado la supremacía intelectual sobre la cultura,  ande dando tumbos en este sentido. Yo tiendo a pensar que al final, a los políticos es que no hay quien los entienda.

De todas formas todo está por ver, y no es cuestión de cien días, técnicamente tienen cuatro años por delante para ser juzgados. Así que el tiempo nos dirá, yo por mi parte prometo no volver al tema salvo circunstancias puntuales y sangrantes. Entre tanto mucha calor y un estado con cierto aire a la insoportable levedad de ser.

Tiempo de exámenes


La televisión nos ha mostrado estos días con profusión las angustias de los jóvenes que se enfrentaban al examen de selectividad. Una especie de mirada tierna y compasiva llenaba las pantallas para lanzarnos el mensaje de la dureza de enfrentarse a esta prueba que valora a nuestra juventud al final de su etapa de formación preuniversitaria y que los cataloga para el acceso a las distintas carreras universitarias.

Esas fechas me traen a la memoria el recuerdo, hace ya una buena cantidad de años, de cuando con 10 años, diez, me examiné en el glorioso Instituto Aguilar Eslava de Cabra de mi ingreso al bachillerato. Nos tuvimos que desplazar de una ciudad a otra, tras un buen madrugón, en un autobús, si aquello se le podía denominar tal, del que tuvimos que descender en una de la cuestas serranas que separaban Baena de Cabra para que éste pudiera subirla sin la carga de la chiquillería.

En el vetusto edificio del instituto, uno de los más antiguos de Andalucía, nos enfrentamos a un ambiente completamente desconocido para nosotros, con unos profesores modelos de seriedad severa y con una amplia leyenda  de rigurosidad y exigencia a sus espaldas. El dictado sin faltas, la prueba de dividir por tres cifras, estas escritas y la de geografía, historia y religión orales ante un tribunal con cura de sotana incluido. Una tabla de gimnasia completaba la prueba de la que conocíamos el resultado por la tarde después de tomar nuestro frugal bocadillo. Los aprobados alegres nos abrazábamos y los suspensos  tristes a preparar la oportunidad de septiembre.

Vuelta a casa en la cafetera de autobús, cánticos al efecto incluidos, y a compartir la alegría con nuestros padres. Teníamos diez añitos y yo viví aquello como una autentica odisea que me llenaba de satisfacción haber superado. Estaba feliz.

Visto con la perspectiva de hoy este maravillosos suceso no tendría para los adultos más que motivos de crítica por las dificultades del proceso y la ansiedad, palabra no tan usada en aquellos años, que podía generar en las criaturas. Decía mi madre, con mucha razón, que: “lo poco espanta y lo mucho amansa”. Será por eso que como les he contado no tengo ni un ápice de trauma de aquel, para mí,  fantástico suceso. Quizás la primera lección de que la vida sería una carrera llena de obstáculos a superar.

No voy yo a criticar a la sociedad actual, tan proclive a denostar el esfuerzo  en la actividad de formación y aprendizaje, porque seguramente algo también habré contribuido yo a esa forma de pensar. Ni tampoco es necesario llamar mucho la atención sobre el hecho de que vivir, a la postre, no es más que ir resolviendo una serie de problemas y dificultades que van apareciendo en nuestro devenir, unos generados por nosotros mismos y otros sobrevenidos, para tratar de acceder a la tranquilidad y el sosiego del espíritu.

Como en esto creo que todos nos pondremos de acuerdo, no parece malo que en ese proceso de aprendizaje y formación exista el clima del esfuerzo para la superación, que tan bien nos vendrá haber entrenado en estas etapas, para que contemplemos nuestro discurrir con menos angustias y más ilusión por vivir la satisfacción, y en muchos casos la alegría, de superar la dificultades de la vida.

Y recuerden después del tiempo de exámenes vienen las fantásticas vacaciones de verano para los que han sido capaces de certificar su esfuerzo. La vida por lo que parece, es siempre así.