La insoportable levedad de ser


 Ya tenemos aquí el verano con el sol pegando sobre nuestra curtida piel por los años de calores y cicatrices de tarascadas vitales. Ya ha pasado la agitada primavera política con los resultados que todos ustedes conocen y que vamos a intentar analizar aquí en lo que a la cosa cultural se refiere.

Han cambiado los responsable políticos de nuestro gremio en la Junta y en el Ayuntamiento. La junta por un lado ha vuelto a independizar la Consejería del ramo  sacándola del conglomerado que Susana Díaz montó para que su fiel escudero Luciano Alonso, por cierto desaparecido en combate, controlara estas dos parcelas de poder, de amplio eco entre la jungla de intelectuales, que tanto mima su ideario político.

Pues bien de esta etapa, además de un buen número de desencuentros con el Ayuntamiento, lo único que salió para nuestra ciudad fue la enésima puesta en escena del proyecto de las Atarazanas que como denuncia César Rufino en el Correo de Andalucía, seis meses después de su última “venta” sigue parado y sin visos de que se vaya a convertir en realidad, ni tarde ni temprano. Pero en fin ya se sabe que las Atarazanas están malditas.

Rosa Aguilar, la incombustible Rosa Aguilar, se ha convertido en la nueva consejera de Cultura de la administración autonómica y sus dos primeras propuestas han sido recuperar la ley de la memoria histórica y trabajar para que la Mezquita de Córdoba sea pública. Será que la buena de Rosa, con el trasiego de puertas giratorias, no ha tenido tiempo de preparar algo de más enjundia para la gestión en el palacio de Altamira.

Por otro lado en la Casa Grande de la plaza Nueva,  Cultura se ha metido en el paquete de la importante concejalía de Urbanismo, lo que nos da pie a pensar que el responsable de área dejará en manos de sus segundos la gestión cultural de Sevilla: Isabel Ojeda y Paco Cerrejón propuestos para “refrescar” Cultura. Será que la gestión de la derecha ha dejado un cierto olor a alcanfor. Tampoco es un buen augurio.

A lo mejor es que como dijo alguien ya hace mucho tiempo: La mejor política cultural es la que no existe, pero no deja de resultar chocante que la izquierda, que siempre se ha arrogado la supremacía intelectual sobre la cultura,  ande dando tumbos en este sentido. Yo tiendo a pensar que al final, a los políticos es que no hay quien los entienda.

De todas formas todo está por ver, y no es cuestión de cien días, técnicamente tienen cuatro años por delante para ser juzgados. Así que el tiempo nos dirá, yo por mi parte prometo no volver al tema salvo circunstancias puntuales y sangrantes. Entre tanto mucha calor y un estado con cierto aire a la insoportable levedad de ser.