El suelo empieza a llenarse de hojas secas: los árboles, de hoja caduca, comienzan a desprenderse de su hojarasca, que ante la debilidad creciente de la luz en el otoño ya no le permiten captar energía de ellas y a las que habría que alimentar de una savia cada vez más escasa. La naturaleza que es sabía, bastante más que la sociedad, tiene este proceso convenientemente estructurado y ello nos permite contemplar un bello paisaje lleno de dorados y ocres entre una débil luz que llena nuestra alma de nostalgia.
Quizás sea por eso que la humanidad conmemora en esta fecha un proceso similar que lleva a cabo la naturaleza con nuestras propias vidas y nos reúne en estos días en celebrar la fiesta del recuerdo a los que ya no están, a los que se fueron por un proceso similar al de los árboles con nuestras vidas. El ciclo de vida y la selección natural se cumple con la precisión que solo el universo alcanza.
Estos procesos que están tan sumidos en la sociedad no se tienen tan presentes en muchos aspectos de la vida actual. Así hay corrientes de opinión, generalmente intencionadas, que pretende sostener actividades que no son capaces de generar la suficiente savia para vivir y sostenerse y entonces se pretende reivindicar que se entierren recursos en sostener con vida asistida aquellos proyectos incapaces de sobrevivir con el argumento de su utilidad social.
Uno de los casos más significativos es el de la cultura, y esto seguro que me genera un buen número de críticas, donde se pueden detallar las dádivas repartidas a la edición de libros cuyo análisis daría para publicar todo un libro, naturalmente subvencionado. También es necesario llamar la atención sobre las subvenciones a la creación cinematográfica en la que se han invertido cantidades millonarias para la producción de un importante número de películas infumables para el público en general pero que, eso sí, ha mantenido satisfecha a una buena parte de los iconos del gremio que naturalmente están dispuestos a salir, con todo su poder mediático, en la defensa obscena de sus benefactores.
Así seguramente se podrían enumerar otra buena pléyade de casos que harían inagotable este artículo y otros tantos más. Pero no le vamos a aburrir con la sarta de despropósitos que han invadido de filfas nuestra “Industria cultural”. Ahora vienen las vacas flacas y nadie quiere perder las mamelas, y como hay pavor a salir a competir por el interés de lectores y espectadores, desaparecen haciendo mutis por el foro. Ruina total.
Destínese el dinero de la cultura a desarrollar programas de animación a la lectura y a la atracción por el cine, apóyese la cultura con elementos de divulgación difusión y apoyo a los que tienen el valor de salir a competir y jugarse su dinero, su patrimonio y su prestigio, pero para atraer a los aficionados a los usuario de la industria, no a los creadores por que nos podremos encontrar una vez más con daños irreparables para la cultura, que es lo que de verdad importa. Apoyemos a nuevos creadores con medidas fiscales transparentes, facilitándole la difusión y divulgación de sus creaciones para que puedan llegar a los usuarios, animando a estos a acercarse a conocer sus productos culturales, a lo mejor por ahí se consigue algo más. Pongan las instituciones todos los medios materiales e instalaciones a su servicios, puede que así sí consigamos con menos recursos materiales hasta mejores resultados.
Dicho todo lo anterior referido a la generalidad de nuestro país, nos referimos ahora a los mas cercano. La cultura sevillana esta secuestrada por organizaciones rancias, y casposas, eso sí, sometidas y controladas por intereses dominantes. Cualquier proyecto cultural que surja independiente y no controlado, es como mínimo sospechoso, si se le puede asfixiar, mejor. Es curioso, toda la caterva se agrupa para proteger lo añejo. ¡Qué emoción! ¡Qué pena de ciudad! Menos mal que las calles, al menos, se empiezan a llenar de hojas muertas.
